Clase
del ¿Para que? :
Objetivos
y Politicidad de la educación
Texto de
Paulo Freire “El Grito Manso”
No hay
situación pedagógica sin:
-
un sujeto que enseña y un
sujeto que aprende
-
un espacio-tiempo en que
estas relaciones se dan
-
objetos que puedan ser conocidos
Pero no
termina aquí la cuestión. Hay otra instancia constitutiva de la situación
educativa, algo que va más alla de la situación educativa y que sin embargo
forma parte de ella. No hay situación educativa que no apunte a objetivos que
están más alla del aula, que no tenga que ver con concepciones, maneras de ver
el mundo, anhelos, utopías. Desde el punto de vista técnico, esta instancia, en
filosofía de la educación recibe el nombre de Direccionalidad de la educación. Mucha gente confunde direccionalidad con
dirigismo, con autoritarismo. Sin embargo, la direccionalidad puede viabilizar
tanto la posición autoritaria como la democrática, de la misma manera que la
falta de direccionalidad puede viabilizar el espontaneísmo. Es justamente la
direccionalidad la que explica esa cualidad esencial de la práctica educativa
que yo llamo la politicidad de la educación. La politicidad de la educación no
es una invención de los subversivos como piensan los reaccionarios. Por el
contrario, es la naturaleza misma de la práctica educativa la que conduce al
educador a ser político. Como educador yo no soy político porque quiera sino
porque mi misma condición de educador me lo impone. Esto no significa ser
partidiario de este o de aquel partido, aún cuando yo considero que todo
educador debe asumir un aposición partidaria.
La politicidad
es entonces inherente a la práctica educativa. Esto significa que como profesor
debo tener claras mis opciones políticas, mis sueños. Porque al final ¿qué és
lo que me mueve, me alienta como profesor, si gano tan poco, si estoy
desprestigiado en esta sociedad de mercado? ¿Qué sueño tengo para soñar, para
discutir con mis estudiantes? La politicidad revela otras dos características
de la situación educativa. Revela que en
la práctica educativa estética y ética van de la mano. La práctica educativa es
bella como es bella la formación de la cultura, la formación de un individuo
libre. Y al mismo tiempo esa estética es ética, pues trata de moral.
Difícilmente una cosa bella sea inmoral. Esto nos pone frente a la necesidad de
rechazar el puritanismo que más que ético es hipocresía y falsificación de la
ética, de la libertad y la pureza.
Recapitualizando
entonces: (…) no hay práctica educativa que no sea política; no hay práctica
educativa que no esté envuelta en sueños; no hay práctica educativa que no
involucre valores, proyectos, utopías. No hay entonces, práctica educativa sin
ética.