miércoles, 22 de junio de 2016

Clase 11: Introducción al concepto de Riesgo Educativo de Teresa Sirvent



Introducción al concepto de Riesgo Educativo de Teresa Sirvent

15/07/2008 - Jóvenes en “situación de riesgo educativo”- Por Cecilia Rovito – Red Eco
En el primer encuentro de debate de la futura ley de educación de la Ciudad de Buenos Aires, María Teresa Sirvent y Susana Vior plantearon una situación de pobreza educativa a nivel nacional. María Teresa Sirvent marcó los tres estadios de la educación comparándolos con un tren que consta de tres vagones: la educación primaria, media y terciaria o universitaria.
Los jóvenes mayores de 15 años a nivel nacional que no lograron mantenerse en ese segundo vagón, es decir, los expulsados que se cayeron del tren, son según el censo de 2001, el 67 por ciento de la población, unos 14 millones de chicos que no estudian y que, por lo tanto, están en “situación de riesgo educativo”.
Sirvent explicó que este concepto de “situación de riesgo educativo” expresa que aquellos jóvenes que se cayeron del tren están, por no haber alcanzado niveles de formación educativa, marginados de la vida social, política, económica y cultural, frente a una mayor vulnerabilidad laboral y una menor posibilidad de desarrollo de un pensamiento crítico.
Este porcentaje se reproduce en todas las provincias y en alguna de ellas se profundiza. En el caso de Misiones, Chaco y Formosa más del 50 por ciento de los chicos se cayeron del primer vagón del tren, es decir, no completaron la primaria.
Mientras en la Ciudad de Buenos Aires el porcentaje es significativamente menor (41 por ciento), la Avenida Rivadavia separa, también educativamente, a la capital en dos. Al norte el porcentaje de jóvenes en “situación de riesgo educativo” es del 25,8 por ciento, al sur casi se triplica alcanzando un 68 por ciento. Si se comparan las estadísticas, ese porcentaje es también pobre, es decir forma parte de la franja poblacional con las necesidades básicas insatisfechas (NBI).
En la provincia de Buenos Aires, la franja de jóvenes de entre 15 y 24 años con NBI, el 90 por ciento está en “situación de riesgo educativo”.
Para la docente lo grave es la carencia de políticas educativas que visualicen como fundamental esta situación. Y señaló la necesidad de que la nueva ley de educación de la ciudad la contemple no desde acciones educativas compensatorios para la población de riesgo, sino desde la concepción de una educación permanente e integral. Es una “bomba de tiempo educativa”, como definen estudios de diferentes países de Europa, el escenario donde los hijos cuyos padres se cayeron del tren educativo, porque en algún momento del transitó educativo esa bomba explotara.
Por su parte, Susana Vior señaló que descendió la matrícula en los últimos años del primario y del polimodal, entre los años 2002 y 2004, según los últimos datos conocidos del Ministerio de Educación Tal situación de gravedad educativa se expresará, subrayó, en unos años frente al vacío generacional en ciertas profesiones.
Advierte, en este sentido, una baja preocupación social frente a la problemática de la educación salvo situaciones espasmódicas de violencia, infraestructura, calefacción, etc, pero que no cuestionan las políticas educativas. Y esto significa, afirmó Vior, que han conquistado nuestras cabezas y el desafió al que nos enfrentamos hoy es cómo reconquistamos la conciencia
Fuente: http://www.laurdimbre.com.ar/derechoshumanos/dh-0153.php

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Alejandro Finocchiaro, sobre la vuelta de los aplazos al boletín: "El esfuerzo es un valor"
El ministro de Educación bonaerense se refirió a la medida tomada por el kirchnerismo en 2014 y señaló que "no funcionó"
El ministro de Educación de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Finocchiaro, defendió esta mañana la iniciativa de cambiar el régimen de calificaciones en la escuela primaria y reinstaurar los aplazos para los alumnos de 4° a 6°, suspendidos por el kirchnerismo desde septiembre de 2014.
"Uno estigmatiza cuando uno peyorativamente se refiere a cualidades subjetivas que hacen a la esencia de alguien. Su nacionalidad, su color de piel, su religión, sus ideas políticas. No sobre una cuestión objetiva como puede ser una nota que puede ser cambiada para bien o para mal", expresó el funcionario en diálogo con radio Mitre.
La administración de Daniel Scioli había suprimido los aplazos para no "estigmatizar" a los alumnos, según se había explicado en su momento. Pero ahora, la Dirección General de Cultura y Educación decidió volver al régimen anterior.
"Una escuela inclusiva es una escuela donde hay clases todos los días, donde los chicos aprenden lo que tienen que aprender, y es una escuela además donde se enseñan valores. Y el esfuerzo es un valor", remarcó Finocchiaro.
"El esfuerzo ha sido un valor en nuestras vidas, y eso también lo debe replicar la escuela", insistió el ministro, y ejemplificó: "Yo soy docente universitario y dos clases en una materia de primer año en las universidades donde doy. Yo no puedo dejarlos pasar por que si, porque si casa profesor hace eso en primer lugar estaríamos poniendo en peligro a la sociedad. Pero además lo estaríamos estafando".
"Esto se ha tratado en el Consejo Consultivo. Lo hemos votado y ganó nuestra posición. Entiendo que algunos gremios no están de acuerdo. Las políticas educativas las dictan los estados a través de los gobiernos. Los gremios no pueden dictar las políticas educativas de un país", dijo.





Aula virtual:

Ante el sostenido "fracaso escolar", el ministro de educación bonaerense plantea que el fracaso o el éxito en la escuela depende del "esfuerzo" de cada estudiante para obtener las calificaciones "adecuadas" para promover de año, sin cuestionar el contexto socio-político y económico que produce diferenciaciones sociales y distintas posibilidades segun al sector al que pertenezcan los estudiantes de los distintos colegios.
Teniendo en cuenta el texto de Pineau y el concepto de riesgo educativo de Teresa Sirvent, ¿Por qué crees que tantos jóvenes y adultos siguen quedando por fuera del sistema educativo tradicional?

miércoles, 8 de junio de 2016

Clase 10 bis: la Reforma Universitaria

Compas,

Les dejamos un video sobre la Reforma Universitaria de 1918



Y el texto del Manifiesto Liminar, escrito por los jóvenes estudiantes de Córdoba.

Manifiesto Liminar
La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América
Manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba - 1918




Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.

Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el Dr. José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de los que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de una orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. Que en nuestro país una ley -se dice- la de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos. Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral los está exigiendo.

La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien.

La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.
Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de elección rectoral, aclara singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer al país y América las circunstancia de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. El confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir las aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desordenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea  cuanta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.

El espectáculo que ofrecía la Asamblea Universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, par inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, en el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros -los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (¡Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.
La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la Ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del Salón de Actos y arrojamos a la canalla, solo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionada en el propio Salón de Actos de la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de la huelga indefinida.
 En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad.

La juventud Universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy par ti, mañana para mí", corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener  a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban  el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad Mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.
Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios.

 No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, no al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: "prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes". Palabras llenas de piedad y amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia Universitaria!. Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.
La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.
La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.

21 de junio de 1918

Enrique F. Barros, Horacio Valdés, Ismael C. Bordabehere, presidente. Gurmensindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón.

Clase 10: Historicidad de la Educación Superior en la Argentina



HISTORICIDAD DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN LA ARGENTINA

CICLO COLONIAL

La enseñanza terciaria se inauguró en el actual territorio argentino en 1607 cuando los jesuitas fundaron en Córdoba el Colegio Máximo, dedicado a dotar a la diócesis de sacerdotes “aptos” para el culto. Sobre la base del Colegio Máximo, nació en 1623 la Universidad de Córdoba que estuvo impedida de conceder grados hasta 1664. El sistema pedagógico estaba ajustado a las “Ratio Studiorum”, según la cual el maestro leía en voz alta las lecciones y los alumnos las repetían, también en voz alta, hasta memorizarlas. El contenido de la lectura no podía ser discutido ni alterado por razonamiento alguno.
El Rey Carlos III de España, expulsa a los jesuitas y la Universidad cordobesa queda en manos de los franciscanos. Los docentes eran nombrados por el Virrey, los graduados debían jurar obediencia al Rey, a sus ministros y a sus leyes, al Rector y a la constitución de la universidad. Esa instrucción propagó el oscurantismo, las supersticiones teológicas y la negación del conocimiento.
En 1800 la Universidad de Córdoba seguía expresando la ausencia de desarrollo industrial en el Virreinato del Río de la Plata.
Ya en 1801, en Buenos Aires se inauguraba el primer curso de la Escuela de Medicina. La Asamblea General Constituyente en 1813 crea la Facultad de Medicina y Cirugía de Buenos Aires –que jamás llegó a funcionar- y se transforma en el Instituto Médico Militar con el objetivo de proveer médicos y cirujanos a los ejércitos que luchaban por la Independencia.
Las ideas libertarias que la revolución había traído cumplieron su papel en materia educacional: los jóvenes se inclinaban en su mayoría por el estudio de las matemáticas y cada vez menos la filosofía y teología.




LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO-NACIÓN Y LA UNIVERSIDAD

La Universidad de Buenos Aires fue creada el 12 de agosto de 1821. Allí se enseñaba: físico matemática, economía, política, dibujo, química general, geometría descriptiva, cálculo, mecánica de fluidos y sólidos, física experimental y astronomía.
La vida universitaria argentina tuvo que enfrentarse contra el avasallamiento del poder político:
1824 el gobernador Bustos suprime la autonomía universitaria y dispone que la universidad quedará bajo directa inspección del gobernador;
1831 el gobernador Reinafé quita al claustro universitario la atribución de nombrar sus propias autoridades. El Rector se convertirá en empleado de la administración;
1835 Rosas incorpora a la fórmula de juramento de los egresados el compromiso de “ser constantemente adicto y fiel a la causa nacional de la Federación” y que no dejará de “sostenerla y defenderla en todos los medios y circunstancias, por cuantos medios estén a su alcance”;
1838 se retira el respaldo financiero a la universidad a causa de la agresión militar y bloqueo francés;
1852 Vicente López deroga el decreto rosista sobre los gastos de la enseñanza.
1871 Proyecto de Ley Orgánica de Instrucción Pública elaborada por Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad de Buenos Aires en 1861. El debate quedó abierto. Por un lado el rector J. M. Gutiérrez defensor de la Universidad Libre y por el otro el ministro Antonio Malaver defensor de la Universidad del Estado.
1873 en la convención constituyente de la provincia de Buenos Aires no se impidió el establecimiento de universidades privadas, pero, a propuesta de J. M. Gutiérrez, se hizo una distinción entre título científico y título profesional: este último era el único que habilitaba para ejercer la profesión y sólo podía ser otorgado por el Estado.
 El país de terratenientes que se consolidaba en 1880 fue el que generó la Ley Universitaria de 1885 –Ley Avellaneda-, esa norma legal reordenó los modos de funcionamiento de las universidades de Buenos Aires y Córdoba, -las únicas en el país- y rigió la vida universitaria hasta 1947.
Cuadro de texto: En materia de gobierno universitario la Ley transformaba a la asamblea en máxima autoridad, ese organismo estaba conformado únicamente por los Decanos de las distintas Facultades y era presidido por el Rector. El segundo escalón de aquella jerarquía era el Consejo Superior, compuesto por el Rector, los Decanos de las Facultades y dos delegados de cada Facultad, las cuales estaban gobernadas por Consejos integrados sólo por profesores titulares. Todas las decisiones del Consejo Superior debían ser aprobadas por el Ministerio de Instrucción Pública. 
Los profesores titulares de cátedras estaban obligados a poseer título universitario expedido por alguna Universidad Nacional y haber recibido ese grado por lo menos seis años antes. El nombramiento de profesores era atribución del Poder Ejecutivo, que los designaba de una terna propuesta por la Facultad respectiva y aprobada previamente por el Rector. Esa era la Universidad contra la cual se alzó la furia de la Reforma en 1918.

LA RESIGNIFICACIÓN DE LA REFORMA UNIVERSITARIA DE 1918

La Reforma Universitaria en la Argentina del ’18 marcó un momento de inflexión en la vida de la Universidad. Hasta aquellos años predominaba la enseñanza oscurantista clerical, de la misma manera que los Consejos Académicos eran vitalicios; esto significó la perpetuación de las distintas camarillas en el poder. La investigación era nula y los métodos pedagógicos primitivos.
Fueron los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba quienes iniciaron el movimiento reformador que más tarde se extendió por todo el país, y pocos años después a gran parte de América Latina. Los estudiantes cordobeses proclamaron el "Manifiesto de Córdoba", cuyos postulados básicos eran:
1. El cogobierno de profesores y estudiantes.
2. La autonomía política, docente y administrativa de la universidad.
3. La elección de los dirigentes de la universidad por asambleas de profesores, estudiantes y egresados.
4. El fortalecimiento de la función social de la universidad.
5. La gratuidad de la enseñanza y ayuda social a los estudiantes.
6. La elección de profesores por medio de concursos públicos y la supresión de su autoridad incuestionable.
7. La renovación periódica de los nombramientos a los profesores.
8. La asistencia libre a clases.
9. La libertad de cátedra.
10. La inclusión de estudios humanísticos y de problemas sociales en los planes de estudio de las carreras profesionales.

Los cambios que generó la reforma fueron muy significativos. La Reforma reflejó la emergencia social y el protagonismo creciente de la incipiente burguesía industrial y de la pequeña burguesía urbana, cuyos intereses entraban en contradicción con la vieja oligarquía terrateniente y su control absoluto sobre la vida política y social del país. Esto ya se manifestó dos años antes (en 1916) cuando la oligarquía terrateniente tuvo que consentir la promulgación del sufragio universal masculino y la llegada al poder del gobierno “plebeyo” de Irigoyen.
Los cambios más significativos que introdujo la Reforma de 1918 fueron:
-la modernización de la enseñanza y los planes de estudio, arrinconando el modo de enseñanza dogmática, clerical, autoritaria y conservadora;
-la participación de los estudiantes en el gobierno universitario (cogobierno), si bien con una presencia minoritaria en el mismo;
-la Autonomía Universitaria;
-el ingreso irrestricto;
-el acceso a los cargos docentes por concurso público y por un período establecido; y
-el reconocimiento de los centros de estudiantes elegidos democráticamente. Fue, en medio de las movilizaciones estudiantiles de aquellos años que se fundaron la Federación Universitaria Argentina (FUA) y la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA).

Además de la introducción del cogobierno estudiantil, la innovación más destacada de la Reforma fue la implantación de la Autonomía, que daba a las universidades plena potestad normativa para dictar sus propios estatutos y reglamentos, para organizar sus estudios (aprobar planes y programas, crear carreras), para disponer y administrar sus bienes y rentas, y para organizar sus servicios, nombrar y remover a su personal docente y administrativo.

Para la clase dominante, la universidad pública nunca fue un fin en sí mismo sino el medio para satisfacer las necesidades económicas, científicas y de administración del sistema capitalista. De ahí que, particularmente a partir de los años 50, decidiera tomar bajo su control directo una parte de los estudios superiores para sus propios objetivos, poniendo fin al monopolio que el Estado ejercía en los mismos. Así, tras el derrocamiento de Perón, el Ministerio de Educación ya intentó promulgar en 1955, un decreto, el Nº 6.043, sobre reorganización universitaria que en su art. 28 decía: “La iniciativa privada puede crear universidades libres que estarán capacitadas para expedir diplomas y títulos habilitantes, siempre que se sometan a las reglamentaciones que se dictarán oportunamente”.
En marzo de 1958 tuvieron lugar elecciones nacionales (con la proscripción del peronismo y los partidos de izquierda-PC) que colocaron en la presidencia a Frondizi, quien ya había designado una comisión para elaborar un proyecto sobre funcionamiento de universidades privadas. El 19 de septiembre, la FUA convocó una manifestación imponente en defensa de la Educación pública, laica, estatal y gratuita. Se concentraron en el Congreso más de 250.000 personas. Adhirieron casi todos los partidos políticos, varias universidades extranjeras y medio centenar de sindicatos. El 26 de septiembre, la Cámara de Diputados, por 109 a 52 votos, dispuso derogar el artículo 28 del Decreto 6043/55. Todo el reformismo cantó loas a la “victoria” obtenida y a las bondades del Parlamento. Esa misma noche, la Cámara de Senadores votó en bloque que el art. 28 quedara reemplazado por una serie de normas breves que autorizaban el funcionamiento de las universidades privadas, que no podían recibir dinero del Estado, y debían someterse a ciertos controles administrativos. En cuanto a la habilitación profesional sería otorgada por el Estado Nacional sin que se indicara qué organismo público tendría a su cargo dicha función.
En junio de 1966, Onganía da el golpe de Estado y un mes más tarde interviene las Universidades. Las camarillas profesorales cordobesas no presentaban resistencia alguna a la bota que había ingresado a la Universidad, salvo un pequeño núcleo encabezado por el Decano de Arquitectura. Los estudiantes, ya en septiembre, habían comenzado a convocar tempranas huelgas, corridas, sentadas. La represión descargaba allí la misma brutalidad que en la Noche de los Bastones Largos.
 El 7 de septiembre de 1966 asesinan por la espalda a Santiago Pampillón. Ante esta primera víctima, la respuesta estudiantil multiplicó su violencia. En muchos casos la policía fue desbordada y obligada a replegarse y en ocasiones incluso a huir en desbandada ante la lluvia de piedras. 40 manzanas del Barrio Clínicas en Córdoba fueron tomadas por los estudiantes.

LA UNIVERSIDAD Y EL MOVIMIENTO OBRERO

Desde fines de los años 50, vemos iniciarse una confluencia de las luchas de los estudiantes universitarios con las del movimiento obrero, con una influencia recíproca entre las mismas. Cuando en 1968 la central obrera se partió en dos: CGT con Vandor a la cabeza y la CGT de los Argentinos con Ongaro, también la FUA se dividía: FUA–Córdoba dirigida por Franja Morada, bajo influencia decisiva de Alfonsín, y FUA–La Plata conducida por el Partido Comunista.
El 13 de mayo de 1969, un decreto del Ministerio de Economía, Krieger Vasena, derogó una conquista obrera impuesta en 1934: el sábado inglés. El SMATA Córdoba convocó a asamblea el día 15, la policía reprimió abiertamente y los trabajadores respondieron en las calles. El 16 en repudio a la represión SMATA paró, se adhirieron UTA y UOM. Ese mismo día se manifestaron los estudiantes correntinos por reivindicaciones propias y uno de ellos, Cabral, fue asesinado por la policía. La muerte de Cabral produjo reacciones en Rosario, donde se organizaron manifestaciones. El 17 fue asesinado Bello y el 18 el joven L. Blanco. El 19, en Córdoba una marcha del silencio también fue reprimida abiertamente. El 23 tiene lugar otra refriega con la policía. La CGT de los Argentinos, y también la dirigida por Vandor (cuyos puentes con Onganía se habían roto), decidieron parar el 30; pero el 27 Ongaro fue detenido al llegar a Córdoba y todo se precipitó. El 29, a propuesta de Tosco, comenzaba la huelga activa con abandono de los lugares de trabajo a las 11 de la mañana. Se eligió un Comité de Huelga integrado por varios sindicatos y delegados de base. La unidad obrero-estudiantil se ponía en práctica en las calles. Rosario, Tucumán, Mendoza, Chubut, el Cordón Industrial santafesino repitieron una y otra vez los acontecimientos de Córdoba y poco a poco esa lucha comenzó a crear coordinadoras, asambleas populares, comités de huelgas, interfabriles.
El 17 de noviembre de 1972 llega a la Argentina, Juan Domingo Perón. Para marzo de 1973 se estaba convocando a elecciones nuevamente. El 1º de octubre, el Ministro de Educación, Jorge Taiana, pidió la renuncia del Rector de la UBA, Rodolfo Puiggrós. En el segundo semestre de ese año se hicieron elecciones en todos los centro de estudiantes del país, en ella se consolidó el bloque del MNR (Socialistas Populares) con Franja Morada, triunfante en casi todas las Universidades, mientras la Juventud Universitaria Peronista (JUP) arrasaba en Capital Federal.
El 21 de noviembre de 1973 surgió públicamente la “Triple A”, que se cebó no solamente contra activistas obreros antiburocráticos sino también contra los activistas estudiantiles revolucionarios y socialistas.
A la par que el tercer gobierno de Perón iniciaba una represión brutal y selectiva contra el activismo obrero no controlado por la burocracia sindical de la CGT, también se extendía esa represión al ámbito universitario. En marzo de 1974 se aprobó la Ley Universitaria que permitía separar docentes por razones ideológicas; se imponía la mayoría absoluta del claustro docente en el gobierno de las casas de estudio y se sometía a las Universidades a la autoridad del Poder Ejecutivo. En otras palabras: desde el punto de vista jurídico se intentaba volver a la Universidad anterior a 1918.
 El 14 de agosto de 1974, después de la muerte de Perón, Isabel decidió los primeros cambios en su equipo ministerial. A cargo de Educación quedó Oscar Ivanissevich, quien desde el primer día comenzó a descargar sus dardos contra la UBA; nombró Rector de la misma a Alberto Ottalagano, quien en un discurso en el sindicato de la construcción, la UOCRA, a poco de asumir dijo que: el “nacional justicialismo” se sustentaba en tres columnas básicas “la columna de la fe, la columna de nuestra santa madre, la iglesia católica, la columna armada, la que no puede escribir su historia contra otra pluma que no sea la espada ni otra tinta que no sea la sangre.” Ese era el curso del gobierno de Isabel-López Rega.



LA DICTADURA MILITAR (1976-1983)

Del ’76 al ’83 se abre un período de exterminio físico e ideológico. La dictadura, diseñada en los despachos de las grandes empresas y en los centros de decisión del imperialismo, tuvo como objetivo aplastar la situación revolucionaria iniciada con el Cordobazo en 1969, que amenazaba el poder económico y político de la burguesía argentina y el imperialismo, con la colaboración de los dirigentes de la UCR y de la derecha peronista, en el aparato del PJ y en la dirección de la CGT.
 
El desmantelamiento intelectual que provocó la dictadura puede ser comparable al económico y político. La Dictadura Militar produjo miles de víctimas en el campo sindical, de la educación, la ciencia y la cultura. Esto dejó una herida en la Universidad que nunca pudo cicatrizar. Se llegó al punto de proscribir estudios universitarios como los de Sociología, y en los planes de estudio de Exactas se eliminó la Teoría de Conjuntos. Se derogó el ingreso irrestricto y se introdujo el arancelamiento. Se organizaron quemas públicas de libros “subversivos”.
Es notable resaltar la gran cantidad de estudiantes que fueron inmolados por la reacción burguesa-militar. Según la CONADEP, entre las víctimas que aún permanecen en condición de desaparecidas y las que fueron posteriormente liberadas habiendo pasado por centros clandestinos de detención, se encuentran:
Obreros: 30.2%
Estudiantes: 21.0%
Empleados: 17.9%
Profesionales: 10.7%
Docentes: 5.7%
Autónomos y varios: 5%
Amas de casa: 3.8%
Conscriptos y personal subalterno de las Fuerzas de Seguridad: 2.5%
Periodistas: 1.6%
Actores, artistas, etc.: 1.3%
Religiosos: 0.3%
 
LA UNIVERSIDAD TRAS LA CAÍDA DE LA DICTADURA MILITAR

El Congreso Pedagógico de la democracia de los ’80, ya ubicaba a la universidad en los lineamientos generales para el proceso privatizador y mercantilista de la educación, que se combinaba con una universidad limitacionista con relación a su ingreso. Comenzamos a ver en la UBA restricciones a través del CBC (Ciclo Básico Común) o la experiencia piloto en la Universidad Nacional de Rosario donde se implementó el Primer Año Común en la Facultad de Humanidades y Artes. Los resultados fueron más que obvios en todos los casos ya que al segundo año sólo ingresaba un 60% del estudiantado.
Para la década del ’90 el radicalismo, como fuerza política y su agrupación estudiantil, crearon las condiciones materiales y subjetivas para la aplicación de la Ley de Educación Superior y su sanción en el ’95.
El vaciamiento de consignas como Autonomía Universitaria fue de tal magnitud que facilitó la tarea a los personeros universitarios del menemismo.
 En manos del radicalismo  la bandera de Autonomía Universitaria expresaba la verdadera política de liquidar la universidad pública y encausarla a las pautas fijadas por los organismos internacionales, llámese Banco Mundial, FMI, o FOMEC.